Pere Brachfield
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El credit management en el contexto europeo

El artículo que a continuación se detalla es el resumen de uno de los capítulos del libro “Credit Management
in a european context” cuyo autor es Pere Brachfield.


Toda venta a crédito es una inversión para la empresa proveedora; inversión que queda materializada en el activo circulante y más concretamente dentro de la masa patrimonial del realizable. Pero ninguna empresa dispone de recursos financieros ilimitados o de recursos sin coste para invertirlos en sus actividades. Las empresas se encuentran ante una multitud de necesidades de inversión de sus recursos económicos que van desde las actividades de investigación y desarrollo hasta la compra de materias primas, pasando por la adquisición de bienes de equipo y de aplicaciones informáticas. No obstante una de las inversiones más importantes (y en muchas ocasiones la más importante) que hacen las empresas es la realizada en las cuentas de clientes. Paradójicamente son muchas las compañías que no son conscientes de la importancia que tiene en su actividad empresarial la inversión en aquellos activos circulantes que representan derechos de cobro.

Asimismo muchos empresarios equiparan facturar a cobrar, como si el cobro se produjera automáticamente después de emitir la factura con sólo esperar a su vencimiento.

Estas mismas empresas demostrarán un gran interés por rentabilizar las inversiones en activos inmovilizados –instalaciones técnicas, bienes de equipo, maquinaria, hardware, software– y en racionalizar las compras de materia prima, pero en cambio no manifestarán ningún cuidado por las inversiones en clientes por ventas o prestaciones de servicios. Las empresas suelen tomar todo tipo de precauciones para conservar y asegurar contra todo tipo de siniestros y riesgos sus activos inmovilizados –naves industriales, instalaciones, bienes de equipo, maquinaria, vehículos– así como los activos circulantes consistentes en existencias, productos terminados y materias primas.

En cambio las compañías no suelen tener la misma diligencia con las inversiones realizadas en cuentas de clientes, a pesar de que es la inversión más difícil de controlar, puesto que –contrariamente al resto de los activos fijos y circulantes que se encuentran en poder de la empresa– es un activo que se encuentra totalmente en manos de terceros (los clientes y deudores). La empresa proveedora se encuentra en total dependencia de la buena voluntad de los clientes, los cuales tienen en su poder la decisión –y la iniciativa– de pagar o no pagar los débitos.

El dilema económico fundamental de una empresa que tiene que invertir recursos en cuentas de clientes consiste en asignar los recursos disponibles en créditos comerciales que resulten rentables, es decir que las inversiones proporcionen no sólo un beneficio sino que además aporten una rentabilidad suficiente a la empresa. De nada sirve facturar mucho si luego las ventas realizadas no son rentables o incluso proporcionan pérdidas. Sin embargo la elección no siempre es fácil, puesto que existe siempre el factor riesgo, o sea que se produzca una pérdida económica al resultar fallida la inversión. En las transacciones comerciales a crédito siempre hay una incertidumbre de cobro –la posibilidad de resultar definitivamente incobrable la operación comercial debido a una insolvencia definitiva del comprador– de los créditos concedidos a clientes o también –e igualmente importante– que se produzca un retraso en el pago por un cumplimiento tardío de la obligación por parte del cliente. La demora en el pago y el consiguiente retraso para la empresa proveedora en percibir la cantidad correspondiente al débito, puede suponer la pérdida del beneficio esperado en la operación comercial o una importante disminución en la rentabilidad prevista. Por un lado las empresas deben saber elegir sabiamente a los futuros clientes y controlar a sus clientes habituales si quieren obtener una buena rentabilidad de sus capitales invertidos en partidas de clientes. Por otro lado una política de créditos excesivamente rigurosa frenará las ventas e impedirá que la empresa alcance la cifra de negocios adecuada. La elección de los clientes y el crédito que se les puede conceder son decisiones importantes, puesto que la empresa proveedora ha de intentar asegurar el buen fin de las operaciones comerciales y conocer las utilidades producidas por cada nueva transacción.

La gestión integral del crédito a clientes –que constituye sin lugar a dudas la parte más importante del realizable en el activo de una empresa– es el área de gestión que es responsabilidad exclusiva del credit management. El credit management tiene asignada la importante misión de gestionar adecuadamente las cuentas de clientes, transformándolas en disponible y obteniendo una buena rentabilidad.

El credit management es una función aún poco conocida en el mundo empresarial europeo, puesto que todavía no se ha implantado en la mayoría de las pequeñas y medianas empresas europeas. Únicamente las grandes empresas europeas (y no todas) y las compañías multinacionales tienen implantados departamentos de credit management dentro de sus estructuras. Asimismo la denominación de credit management sirve para identificar una actividad que –bajo una nueva filosofía de gestión y una moderna óptica empresarial– va más allá de la simple gestión del riesgo comercial, ya que pretende conseguir una convergencia de los intereses del departamento comercial con los del departamento financiero y conseguir un objetivo común a ambos: el aumento de los beneficios y el incremento de la rentabilidad de la empresa.

Por lo tanto el credit management es un concepto mucho más amplio que la tradicional gestión de riesgos puesto que supone una revolución en la cultura empresarial.

La gestión tradicional del riesgo de crédito comercial en Europa se limitaba a contabilizar las cuentas de clientes, a la gestión de los medios de cobro y a perseguir los impagados una vez que se habían producido. El enfoque puramente contable, estático y reactivo caracterizaba a esta clase de gestión del crédito de clientes, la función de créditos se limitaba a llevar las cuentas de clientes y a recuperar los impagados que aparecían.

No obstante se produjo cierta evolución en las funciones de crédito, por lo que apareció el concepto de prevención y evaluación del riesgo de crédito. En este caso con la incorporación de esta nueva idea, la función de crédito también analizaba y evaluaba el riesgo de las operaciones comerciales y gestionaba el riesgo de clientes. Sin embargo la óptica bajo la que se desarrollaba la función de crédito comercial era básicamente financiera y los criterios de tesorería –las cuentas de clientes eran vistas solamente como una fuente de cash flow– y de seguridad–no había que correr ningún riesgo con las ventas a crédito– prevalecían sobre cualquier otro aspecto. El departamento de riesgos comerciales estaba claramente enmarcado dentro del área financiera, las políticas de crédito eran excesivamente rigurosas y se aplicaban criterios muy poco flexibles. En el fondo los clientes eran considerados como morosos potenciales y los procedimientos de gestión del riesgo dificultaban las ventas y entorpecían la labor de los comerciales. El jefe de riesgos era para los vendedores un personaje siniestro que ponía impedimentos en sus tareas y limitaba sus operaciones con los clientes. Esta situación –como era lógico– ocasionaba frecuentes enfrentamientos entre el departamento financiero y el comercial puesto que esteúltimo consideraba al servicio de gestión de créditos como un enemigo dentro de la propia empresa y las disputas eran constantes.

La nueva percepción del credit management moderno pretende superar esta visión miope de la gestión del crédito comercial, incorporando un enfoque más comercial e introduciendo el concepto de marketing en la función de crédito a clientes. El objetivo final del credit management es maximizar las ventas de la empresa pero garantizando el buen fin de las mismas, por lo tanto debe favorecer la concesión de créditos a clientes en lugar de obstaculizar las ventas. El crédito es en realidad una herramienta para aumentar las ventas y obtener mayores beneficios y debe ser utilizada de la forma más adecuada.

El credit management no pretende eliminar el riesgo de las operaciones comerciales con aplazamientos de pago, sino evaluarlo en su justa medida y aprobar las transacciones a crédito conociendo y asumiendo el riesgo que suponen. El riesgo derivado del crédito comercial no debe asustar a las empresas, sino que debe ser considerado como un elemento que gestionado adecuadamente produce importantes utilidades. Por lo tanto el departamento de credit management deja de ser un servicio puramente financiero para ocupar un puesto de bisagra entre las funciones comerciales y financieras. El credit management ha de ser un gozne que facilite la convergencia de los intereses del área comercial con los del área de finanzas, por lo tanto ha de ser el departamento financiero con la óptica más comercial.

El credit management no quiere un aumento de las ventas a crédito – y de las cuentas de clientes– por sí sólo, sino que el crédito a clientes sea rentable para la compañía. Todas las empresas que adquieren un bien de equipo
hacen la inversión con el objetivo de que ésta sea rentable.

Para el credit management la inversión en cuentas de clientes ha de proporcionar rentabilidad a la empresa. Las cuentas de clientes forman parte de una masa en continuo movimiento y son la fuente principal de los flujos financieros de la empresa, por ello el credit management ha de gestionar esa parte del activo circulante de forma activa y dinámica, controlando los saldos vencidos y transformándolos en recursos líquidos. Como todo director financiero sabe, la tesorería es el combustible que impulsa a la empresa, y su gestión es fundamental para la supervivencia de la misma, pero no hay que olvidar que el credit management es la refinería que produce diariamente el combustible que necesita la tesorería.

El management moderno preconiza la importancia de los flujos de caja en las empresas para asegurar su viabilidad, dándo más importancia al "cash flow" generado por las empresas que al beneficio contable que obtienen las compañías. De la misma forma que hace años se introdujo en las empresas el concepto de stock cero, es decir minimizar las inversiones en materias primas y componentes para la fabricación, el credit management sirve para aplicar el principio de rebajar las inversiones en créditos procedentes de las ventas de productos o prestaciones de servicios. Dicha reducción no se ha de conseguir disminuyendo las ventas a crédito sino acelerando el proceso de cobros de los saldos vencidos de clientes, disminuyendo el plazo medio de cobro, y minimizando el riesgo de las operaciones a crédito de forma que el porcentaje de créditos incobrables sea lo más bajo posible. Además mediante una correcta gestión proactiva del crédito comercial es posible recuperar la mayoría de los impagados y recobrar los créditos morosos, evitando que pasen a pérdidas por créditos incobrables.

Por este motivo el credit management ha de ser considerado como una función estratégica dentro de la empresa que ha de buscar el equilibrio entre los objetivos comerciales y financieros. Además esta función es vital para la obtención de beneficios y para la rentabilidad de la empresa, puesto que evita las pérdidas económicas por fallidos e incobrables, y reduce el coste financiero de los recursos de terceros a corto plazo con coste destinados a financiar el realizable. Por este motivo es importante que las empresas europeas se conciencien de la importancia que tiene el credit management y adopten cuanto antes el credit management como función clave en el seno de sus organizaciones.


Pere J. Brachfield
Presidente de FECMA y profesor del EAE


 
 
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